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sábado, abril 26, 2008

EL COLLAGE DE MAVELYN

¡Qué bien en todo caso que algunos fragmentos de los materiales de entonces estén llegando a la web! Cuando se haga el recuento de la TV cubana (porque el cuento lo vivimos muchos de nosotros) serán materiales de mucho valor, para entender la evolución – o involución – artística, de contenidos, de valores, de variedad, de voces y rostros, de conceptos, de militancias… en nuestra TV. En una de esas a alguno de nosotros mismos le toca hacer el “recuento”.

Por el momento, no puedo dejar de compartir algunas de las reacciones que me produjeron algunos de los momentos de ese collage:

¿En alguno de sus “países de vida” – a pesar de los sistemas computacionales tan potentes y supuestamente infalibles con que cuentan las decenas y cientos de canales de TV - han escuchado con tanta exactitud como en nuestra TV de palo la hora real en la que se transmitía un programa al aire? Fíjense en el detalle: 8:32 minutos y 10:38 minutos. ¿Alguno tiene la explicación o al menos se imagina el por qué? Creo que habrá, entre tantas probables respuestas “negativas”, una que nos podrá levantar el ego: nunca necesitamos de la ayuda de un sistema digital para obtener un modelo de producción y control de tiempo tan exacto, ¿o será que en nuestra TV de todos los días nunca hubo flexibilidad para salirse de una parrilla estructurada, grabada y revisada por nuestros asesores? Si se percatan en el collage o echan mano de sus recuerdos, ¿cuántos programas tuvimos en vivo? A finales de los 80 comenzaron los primeros,… antes hasta los noticiaros se grababan. En la radio, se dejaron de grabar – “y editar” – a partir del cambio de programación de Radio Rebelde, con Haciendo Radio y Exclusivo.

Entre las pocas cosas en vivo que siempre hubo, fueron esos horrendos locutores de continuidad, uno de cuyos ejemplos vimos en el collage. Esos fueron los personajes que tuvieron la poco grata tarea de estar con una corbata o una “blusa bonita” para salir en TV “si fuera necesario”. Y era necesario para anunciar transmisiones oficiales, dar explicaciones de problemas técnicos o anunciar un cierre anticipado de la programación. Todo leído. Esos locutores tuvieron después sus 3 minutos de fama, cuando se inventó el boletín “En 3 minutos”. ¿Lo recuerdan? El trabajo que antes ninguno quería hacer, ahora se lo comenzaron a pelear. Era un gran cambio pasar de “estar de guardia” por un si acaso a salir todos los días en la TV cubana. Era algo así como el inicio de la fama. Historias de estos locutores hay muchísimas, algunas absolutamente vergonzosas otras para la risa. Si no los canso, conozcan 2 de esas historias:

1.- Ad portas del nuevo siglo – no recuerdo si fue el año 1999 o 2000 – todo el mundo esperaba con ansias que la TV iba a transmitir en uno de sus horarios de películas norteamericanas el filme Filadelfia. Si alguno de ustedes estuvo esa noche frente al televisor recordará a un locutor de guardia (creo que fue una locutora que en estos momentos lee noticias a 90 millas de los estudios en los que tuvo que mentir) explicando que “por problemas técnicos nos vemos imposibilitados de transmitir la película Filadelfia”. Mentira. Un poco antes había llamado – desde donde alguno de ustedes sabe que se llama – para desautorizar la transmisión de la película. Se trató hasta el último momento de buscar un argumento original, pero a fin de cuentas para qué inventar tanto si “los problemas técnicos” llegaron a ser tan habituales que nos servían para justificar cualquier cosa.

2.- Otro locutor (Historias de Locutores sería un buen título de venta en una década más en Cuba. Por si alguno se anima a comenzar a hacerlo ya) terminó de leer el texto oficial para la presentación de algún discurso o algo por el estilo. Terminó de leer una nota oficinal y la cámara se quedó pegada en su rostro risueño. Como pasaba el tiempo y él seguía en cámara sin nada qué decir y sin atreverse a improvisar con un texto oficial, El locutor le regaló a nuestra post producción un efecto sin precedentes. Como en cámara lenta, fue desplazándose en la silla, hasta escapar por debajo de la mesa del estudio. Fue así que los televidentes nos quedamos atónitos, observando un angustioso set desprovisto de una “cara bonita” que nos sonriera mientras – seguramente – se solucionaba algún nuevo problema técnico.

Hablando de Historias de Locutores y del placer que me ha dado ver en el collage a Argelia Pera – una de las históricas y mejores voces de nuestro medio, con quien después coincidiría en mi ejercicio profesional – quiero contarle una infidencia. No por mi implicación personal en el hecho, sino por el contexto. Habitualmente, en el Palacio de la Revolución, cuando Fidel recibía a sus presidentes amigos, se efectuaba un gran convite al cual el CC, del PCC, invitaba a representantes de las diferentes áreas sociales, políticas, culturales y deportivas del país. En una de las veces en las que participé, y que fue la última, también estuvo Argelia Pera. En ese entonces, Argelia hacía el Matutino, de Radio Reloj, en el piso 8 del ICRT. En 4, yo conducía y dirigía la emisión de Haciendo Radio, de Radio Rebelde. Ambos espacios comenzaban a las 5 de la madrugada. Era la recepción de un presidente africano. Recuerdo que entre los periodistas y gente de los medios invitados estábamos Gladys Rubio y alguien más del NTV, Alina Perera y alguien más, de Juventud Rebelde; Argelia, de Radio Reloj, y Nancy Aymeé Gómez (que en gloria esté) y yo, de Radio Rebelde (algún que otro he olvidado). Quienes nunca hayan ido a estos convites no lo sabrán, pero consta de 2 partes. Cada cual más apetecida. La primera se desarrolla en los hermosos salones del Palacio, entre los helechos que trajo Celia Sánchez de la Sierra Maestra y que aún se conservan como parte de la decoración del lugar. Ese es el momento de la gula. Del encuentro de menúes nunca antes vistos. Largas y hermosas mesas esperan por los invitados. Una de entradas, otra de sólo carnes, otra de postres, chocolates y helados (que se monta al final); y así la variedad provoca asombro y hambre. Todos comen desaforados. Es la oportunidad para probar bocados especiales, encontrarse con la prohibida carne de caballo y de otras bestias. Famosos personajes se llenan los bolsillos de chocolates y dulces para llevarles a sus hijos. No se puede entrar con bolsas, ni con el tradicional nylon que llevan nuestros “famosos” y nuestros “periodistas” a fiestas, conferencias de prensa y a cuanto evento haya. A los salones de Palacio para estas ocasiones, no se puede entrar con grabadoras, ni lápices, ni cámaras; nada. Es una invitación personal y no de trabajo. Es una noche que no será recogida, como todas las noches de este tipo, por ningún medio. Hemos sido convocados en calidad de amigos para ser presentados por el anfitrión a su invitado. Y así, mientras todos comemos y no dejamos de lamentar tener un estómago tan poco ingrato – porque en festejos como ese deberíamos ser capaces de programar nuestras barrigas – vamos mirando de reojo que Fidel inicia su despacio andar, junto al presidente africano, saludando a cada uno de los asistentes. Cada uno deja de comer cuando se van acercando. Un saludo, un cómo está, y alguna que otra cosa breve para que el tiempo alcance para todos. Mientras, Raúl Castro en otra parte del salón para no robar protagonismo a su hermano habla más risueño que nunca de cosas personales con un grupo de los invitados. Los periodistas vamos poco a poco acercándonos al hombre número 2 del poder cubano. Y algunos aprovechan la oportunidad para preguntar cosas acerca de las cuales nunca antes han podido hacerlo. Se aprovecha el ambiente confidencial para hablar y reír. Alina, de JR, aprovecha la oportunidad y la memoria para escribir las confesiones de Raúl y pedir permiso al CC y al propio Raúl. Días después, JR publicaría una supuesta entrevista con Raúl donde aparecieron respuestas a preguntas de otros colegas que no eran de JR y confesiones que nos hizo a todos, por su propio gusto. JR se había ganado el “privilegio” de publicar una muy personal entrevista con Raúl Castro. Claro, en los créditos sólo aparecieron Alina y su colega.

La segunda parte comienza con un personaje enigmático, lista en mano, que se acerca a determinadas personas. ¿Ud. es fulano de tal? En 20 minutos más debe entrar por aquella puerta a otro salón. Todos vigilan al personaje de la lista y, como ley natural, se comienzan a juntar entre sí, para especular acerca del llamado. Nos percatamos entre todos, algunos somos “más amigos”. Argelia Pera estaba junto conmigo en el llamado de los “más amigos”. Nancy Aymeé – amiga, jefa y compañera de trabajo a quien el cáncer la mató hace unos años – no estuvo en el llamado de la lista. Llegó la hora y todos pasamos la puerta. El salón al que nos convocaron era más pequeño, pero no faltaba nada de lo que había en los grandes salones. En una esquina, Fidel conversaba con sus invitados en 2 hermosos sillones. “Los más amigos” seguíamos comiendo y obligando al estómago a que nos aceptar, al menos, un platito más. ¿Qué hacíamos ahí? Pasaba y tiempo y no pasaba nada. Desde la puerta de vidrio, Nancy Aymeé me señalaba el reloj como diciendo que era muy tarde que si yo me iba a quedar. 3 de la madrugada. Yo aún de pie en torno a una mesa de comida y Nancy afuera esperando. Hablé con Argelia y le dije que me iba. Tenía que ir a casa al menos a ducharme para volver al trabajo y que andaba con Nancy en el mismo auto de la radio. Escapé escabullido por la puerta de vidrio, tratando de nuestra autoridad no me viera.

Un ahora y algo más tarde regresé al ICRT duchado para comenzar el programa. Argelia tenía una noticia. El mismo sistema del salón grande se repitió en el pequeño. Los seleccionados estábamos para conversar con Fidel después de que él terminara su coloquio con el invitado africano. Pues el hombre, preguntó por “el muchacho de Radio Rebelde”. Le preguntó a Argelia. Y ella le explicó: “Comandante, se tuvo que ir porque él comienza Haciendo Radio a la 5 de la mañana. El hombre que siempre tiene respuesta a todo, dio sus contra argumentos. “Pero tú también comienzas el Matutino, de Radio Reloj, a las 5 de la mañana y estás aquí. Cuentan que no lo dijo muy risueño ni con muy humor. Seguramente, ahí estuvo la razón de por qué fui mi última invitación a Palacio. Todos los ahí presente – que no salíamos habitualmente en Tv – especulábamos cómo podía conocer a todo el mundo y saber qué hacia todo el mundo y a qué hora lo hacía. Todos concluimos: el aparato. Una vez más el país no necesitaba de sofisticados sistemas computacionales. O quizás en Palacio sí había alguno, importado, y de los buenos.

Podría seguirles contando historias que me vinieron al recuerdo al ver el Collage, enviado por Mavelyn, pero ya me he extendido mucho. Por suerte, las horas que Mavelyn pasa en Facebook es tiempo agradecido por todos.