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domingo, octubre 25, 2009

REFLEXIONES DEL COMPAÑERO ÁLVARO: CUANDO LA OMISIÓN NOS ATORMENTA.

Hoy recuerdo a nuestra culta, admirada y martiana profesora Nuria Nuiry (y te lo escribo profe antes de que mueras y después me exijan “respetarte”,… sin lapidar en un momento la admiración que sentimos por usted también nos reímos muchas veces con sus cosas y sus formas, únicas. Y si me toca irme después de usted – sepa – que la voy a escribir tal como aprendí a admirarla. Y no me alga por las noches, eh.); ella nos enseñó la polémica Mañach- Villena … Y sin bien el análisis estuvo dentro de los contenidos de la asignatura Análisis de la Cultura Cubana, desde entonces comencé a preguntarme por qué los estudiantes de periodismo teníamos que conformarnos con lo que parecía ser la única polémica “analizable” del periodismo cubano. ¿Y dónde estaban las polémicas de nuestro periodismo entonces? Supe muy rápido que no existían, no sólo por el modelo militante y monolítico de nuestra prensa, sino por la incapacidad de nosotros mismos para polemizar y debatir. Los periodistas cubanos nos formamos y fuimos formados por otros periodistas cubanos que no poseen ni técnica ni experiencia ni permisos para debatir a través de los medios. Entonces, cuando aparece la oportunidad – ya sea a través de medios tradicionales o “informales – el “chancletismo” y el “barullo” cubano, al mejor estilo de los solares habaneros, inunda los espacios, y se pierde el verdadero sentido de lo que se debate, se pasa a las ofensas personales y a las groserías que tan bien nos salen a los cubanos…

Recuerdo el tema Mañach – Villena porque me da pena ver cómo en nombre de la sobrevivencia de un Sistema (que bien sabemos que no es lo mismo que un país, que una cultura o que un gobierno) hemos matado el periodismo cubano y hemos aceptado que nos mutilen nuestras capacidades y habilidades profesionales. Tenemos que saber que cuando se disiente se hieren sensibilidades.

Hemos sido educados en el repudio, en el desdén a los que opinan distinto, hemos inventado enemigos por el sólo hecho de no compartir criterios, hemos vivido en un eterno mitin de repudio, hemos dormido movilizados contra la opinión, hicimos comunidad con la guardia en alto, nos autoflagelamos evaluando nuestras conductas en políticas reuniones, adquirimos la capacidad de sospecha eterna y de descubrir “las malas intenciones” en la palabra distinta y lo peor… nos quedó gustando omitir y callar; o, por ultimo, lo aceptamos con indiferencia.

viernes, octubre 02, 2009

CRÓNICA A BOLA DE NIEVE


Vendedor de duraznos sentado al piano. Así se llamaba ¿Quién sabe si era una manera de reírse de sí mismo, por temor a que los demás lo hicieran primero…¡Qué bola de negro!

De niño: gordo, amante del sonido de los tambores batá y las rumbas de cajón. De grande: estrella, éxito, triunfo y vida.

Ignacio Jacinto Villa y Fernández. Desde 1933 para los cubanos y para el mundo, simplemente Bola de Nieve, o El Bola. Capricho de una Reina, La Montaner, quien logrando mortificarlo le regaló el sobrenombre con el que recorrió los caminos de la eternidad.

Desde su Guanabacoa natal, con la tradición de la Villa de Pepe Antonio y con la guía de su Mamá Inés, con quien aprendiera quetodo lo negro tomamo cafése hizo de una infancia que le serviría para todo momento. “Soy más niño cuando actúo. Yo soy un hombre triste que siempre está alegre. Cuando actúo siento un torrente de sensaciones, desde lo erótico a lo ingenuo”.

Irónico. Capaz de hacer la guerra con palabras y un piano. Risueño. ¿Quién puede decir que ha olvidado aquellos dientes blancos resaltando en sus rostro?. Humilde: “yo hago cancioncitas” – decía casi convencido. En todo caso aquellas cancioncitas duran toda la vida, porque las suyas fueron para siempre. Las que escribió y las que le robó a otros para ponerla en su voz ronca y para dotarlas de esa autenticidad a donde nadie podrá llegar jamás.

La Flor de la Canela, Drume Negrito, No puedo ser feliz, Ay amor, El Manisero, Messié Julián, Alma Mía, … Todas le pertenecen. La misma Edith Piaf lo dijo. Nadie cantaba La Vie en Rose como él.

Ignacio Villa…. Hombre de elogios arrancados del asombro de los grandes.

Pablo Neruda descubrió que Bola “se casó con la música y vive en ella, en esa intimidad de pianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo” y desde que lo disfrutó la primera vez le deseó salud a su “corazón sonoro”.

“Es universal nuestro cubanísimo Bola”, confirmó el profesor de tantos profesores, el músico Harold Gramategs.

“Bola quedará en la historia y lo que es más poético, en la leyenda, allí donde la historia sea impotente para explicárnoslo”, aseguró el poeta Nicolás Guillén.

En cualquier rincón del mundo donde se juntaron su piano, su sonrisa y su canción sonaron los aplausos, y la euforia se igualó al delirio de las noches de cabaret en La Habana. El destino dejó pendientes el 2 de Octubre de 1971 a muchos fascinados que lo esperaban. Aquel día no pudo seguir viaje a Perú. El viejo puente del río y la Alameda se perdieron el retorno, y alguna limeña se quedó sin su próxima melodía. En México murió el artista y comenzó la leyenda. Bola de Nieve, es la prueba de los embrujos del su pueblo natal. Todavía hoy su voz sigue colándose, por ahí, en los oídos de quienes – inexplicablemente - no se enteraron de su adiós.