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domingo, marzo 14, 2010

LA TV CUBANA DETRÁS DE LA FACHADA


Como ya han pasado tantos años desde aquellas jornadas teóricas y sesiones sesudas que nos convirtieron o nos hicieron creer que formábamos parte de una élite muy especial , puedo confesar que he aprendido a vivir sin culpas mi obsesión por ciertos banales capítulos de la comunicación de masas. En febrero cuando partía hacia Cuba le dije a alguien que lo que más iba a echar de menos durante el siguiente mes era a la Doctora Polo y suCaso Cerrado. En más de una ocasión – así como cuando en nuestros países adoptivos nos sentamos a comer un pedazo de carne de res – me sorprendí viendo el programa y pensando qué felices serían mi madre y mis tías viendo ese show (que también le ayudaría a pensar menos en la falta de carne para la hora de la comida). Pero, ¿qué sorpresa?… el mismo día que llegué, de repente escucho una voz; ¡dios mío, esa es la doctora Polo! – me dije y salí a la sala donde mi madre y mis tías estaban viendo Caso Cerrado. Y si eso me asombró, quedé absolutamente anonadado cuando comprobé que el capítulo que estaban viendo era más actualizado que los últimos que disfruté en la televisión abierta de Chile. Por supuesto, mi madre no lo estaba viendo a través de la televisión abierta – o sea la Televisión – de Cuba. ¡Eso es alquilado, mi´jo, para entretenernos un rato en la tarde¡ - me aclaró mi vieja.

La televisión cubana – reducida durante 45 a sus canales Cubavisión (6) y TeleRebelde (2) – dio un salto “gigantesco” hace ocho años atrás con el estreno de dos nuevos canales que NO vinieron a resolver la falta de diversidad de la programación televisiva local, sino a cumplir algunos OTROS objetivos secundarios al medio, como fue volver a la televisión educativa en un formato cuestionado metodológicamente desde la década del 70 en muchos país del mundo.

Recuerdo perfectamente una entrevista que le hice a Cuca Rivero. Casi ninguno sabrá quién es, pero si digo La Profesora Invisible todos recordarán a SU profesora de Educación Musical. El Ministerio de Educación decidió un día que ya habían cambiado los tiempos y que metodológicamente no se podía seguir enseñando a cantar por la radio. Con una pena infinita, esa mujer que sentía el orgullo de haber enseñado las primeras canciones a tantas generaciones guardó su libreto y se fue a casa. No estaba de acuerdo, pero sus argumentos no lograron vencer la decisión oficial y no había una radio alternativa a donde irse con su cantar.

Una década después al Ministerio de Educación se le “olvidó” que ya no eran tiempos para enseñar por Radio y Televisión y oficializó a nivel nacional – no sólo las clases de canto – sino un curriculum completo para incluir en la parrilla programática de Canal Educativo y Canal Educativo 2, un proyecto cuya originalidad se empieza a cuestionar desde el nombre mismo de las señales emisoras. El otro objetivo que ha cumplido mejor la incorporación de estos nuevos canales fue dar trabajo a otros periodistas, comunicadores y realizadores que tradicionalmente han tenido que estar a la espera de que se muera alguien para formar parte en los créditos principales del programa. Entre tanta clase de Física, Química, Portugués (porque ya no existe la Unión Soviétiva pero somos amigos de Lula) o Historia de Cuba en el granprograma (lo de gran no es una ironía, es por el tiempo que ocupa en pantalla)Universidad para Todos se dejan escapar algunos interesantes programas de nuevos muchachos que están aprovechando pertenecer a un medio sin la “vigilancia” de las vacas sagradas.

Me permito – entre tantas acotaciones – exponer otra interrogante. ¿Por qué Universidad para Todos y no Universidad para los Revolucionarios? Noto cierta incoherencia en la estrategia. O quizás un “estudiante” sentado en la sala de su casa es más inofensivo que junto a otros en un aula universitaria…

A la existencia de ya “cuatro” canales, a poco andar de la primera década de un nuevo siglo Cuba lanza su gran “solución” para hacer frente al desenfreno de los cubanos ante la instalación de antenas parabólicas ilegales. El canal Multivisiónsería el lugar donde cuidadosamente seleccionados y editados se pondrían programas robados de productoras y canales internacionales. Poco se habla de ciertas “ventajas” que tiene el bloqueo norteamericano hacia Cuba. Una de ellas es No pagar derechos de autor. Nuestras generaciones crecieron viendo películas norteamericanas los sábados y los domingos sin que nadie las pagara; así como los videos musicales y notas del espectáculo, cuando las hubo en programa como Colorama o Contacto (son lo que me vienen ahora a la mente). Recuerdo que cuando conocí Multivisión le llamé el Canal de Los Cuadritos Negros. En una puesta en pantalla – no solo reprobable, sino estéticamente antitelevisiva, se la colocaba un parche negro encima del logo de la productora o del canal internacional. Yo sabía cuál programa pertenecía a History Channel, o cual National Geographic, pero quienes nunca han visto esos canales – la mayoría de los cubanos – no tenían idea de qué había debajo del cuadrado negro. Ha pasado el tiempo…. y Multivisión ya NO tiene cuadrados negros. No podría asegurar si ese cambio pertenece a algún convenio realizado a través de Cubavisión Internacional o a que “autorizaron” la emisión de programas copiados con la marca de su productor.

Todos podrían pensar que – sumando los telecentros provinciales y los estudios municipales – a estos cinco canales se reduce la televisión en Cuba; que no es lo mismo que la Televisión Cubana.

Cuba ha oficializado con el silencio, o al menos con el fracaso en la lucha contra La Antena, la existencia de Vías NO Formales para TV en la isla. A la Televisión Abierta hoy los cubanos “luchan” – además de los zapatos, la pasta dental, el papel higiénico, la carne y los frijoles – una televisión pluralista que se ha convertido también en el negocio para unos y el empleo para otros.

Los Bancos de Videos Ilegales existen en todo el país. A través de ellos los cubanos se ríen de los chistes que se hacen en Miami, en contra del sistema y su nombres, se pelean los capítulos de la Mesa Retonta (programa humorístico que se burla de laMesa Redonda Informativa), ven a Alexis Valdés en Seguro que Yes; a Carlos Oteros y a sus invitados cubanos prohibidos o limitados en la televisión oficial; a Ana María Polo y a sus demandados y demantes, muchos de los cuales son cubanos que dan pena pero que también dan risa; a Don Francisco, cuyo programa Sábado Gigante ya no tiene rating ni en Chile donde Mario Kreutzberger probó unos años la fórmula de su maratón televisivo para llevárselo después a la televisión latina de Estados Unidos… y así infinita variedad de programas musicales, del corazón, de farándula; incluso noticieros.

A este formato le podríamos llamar Televisión a Demanda, la diferencia es que la gente no la ve por Internet. ¿Internet? La red que transporta un DVD grabado desde el Banco hasta la casa está compuesta por muchachos que se ganan la vida alquilando programas de televisión, videos musicales y películas. Ellos recorren a diario las casas por pedraplenes, carreteras y calles de nuestros pueblos y campos. El precio promedio de mercado para un DVD pirateado con tres programas de televisión es de cinco pesos cubanos. El préstamo es de un día para el otro y en ese trayecto quien pagó por el arriendo lo presta o lo intercambia en el vecindario para ver más opciones.

Multivisión – si alguien tuvo la ocurrencia de imaginarlo – jamás logró empañar la naciente industria ilegal de La Antena. Ésta “reverdece como nuestros campos” y, salvando las diferencias, recuerda los años en que Cuba atribulada por una dictadura estrenaba Radio Rebelde en las montañas de Oriente (que al parecer cuando pudo ser legalizada se desquitó con la comunicación Batistiana centralizando, y limitando otras voces). La Antena es un negocio muy bueno para todos en Cuba. Hay un repartidor de señal que es la “empresa ilegal” que te colocaLa Antena y te ofrece un paquete mínimo cerrado. Uno paga 10 dólares mensuales (250 pesos cubanos) y podrá ver una selección de programas y canales “de afuera”, donde tienen prioridad los noticieros. Gracias al distribuidor de la señal y a la persona que paga la cuota los vecinos moviendo sus propias antenitas pueden ver “las noticias de afuera”. Es así que hay cuadras enteras, sobre todo en La Habana, donde todos los vecinos ven las noticias por Univisión o por otro canal estadounidense.

Mientras todo esto ocurre, la televisión oficial no reacciona… no puede hacerlo por su propia cuenta. Desde dentro todos los saben, lo dicen, opinan, dan sus alternativas pero habrá que esperar, si llega, una nueva rectificación de errores. Gracias a ese famoso proceso de la década del 80 la mayoría de los noticieros en Cuba dejaron de ser grabados para emitirse en vivo y aparecieron algunos programas informativos que marcaron hito y otros programas o secciones con cierta permisividad en la emisión de opiniones y críticas a la estructura primaria de la sociedad cubana: consumidor, vecino, compañero, jefe de turno, administrador de la panadería, director de servicios gastronómicos… y no mucho más.

Cuba produce sus noticieros como hace 50 años, incluso con rostros de hace algunas décadas. Con el formato idéntico y ceremonial con el que recordamos a Manolo Ortega, el presentador del Comandante. En este medio siglo el noticiero cambió las máquinas de escribir por computadoras, ganó un nuevo estudio para sus emisiones estelares construido con mucho esfuerzo en la década del 90, incorporó el telepronter y algún que otro equipo de post producción. El saludo, el formato, la despedida, los planos americanos y medios siguen siendo los convencionales. En tanto, el público cubano ya ha aprendido que las noticias se hacen y se dicen de otra forma, pero no lo aprendió de SU noticiero ni de SU televisión.

La Televisión en la isla ya no es percibida por los cubanos bajo el concepto, real o aprendido pero que lo repetíamos con orgullo, de que nuestro medio tenía un nivel intelectual y creativo mayor que en el resto del mundo donde primaban los intereses comerciales por sobre el contenido. La gente aprendió que no hay publicidad comercial pero que se han confundido los contenidos con la propaganda ideológica. La gente ya tiene la opción de apretar el control remoto, desactivar el canal TV con elnoticiero de las 8 para colocar la opción de video con el noticiero de Univisión; apagar la Mesa Redonda anunciada para hoy y ver la Mesa Retonta de hace un mes o reemplazar la Universidad para Todos por Sábado Gigante.

Lo más triste es que la televisión oficialista no reacciona; no para pedir policías que revisen mochilas y decomisen discos grabados; o solicitar a los CDR que sean vigilantes ante el “acomodamiento” de ciertos vecinos “vendidos” a la televisión comercial sino para hacer algo por sus espectadores, por su público, por su televidente siempre rezagado en el objetivo secundario de cada emisión. No le pedimos grandes inversiones, le pedimos mirar alrededor, que escuche lo que ahora simulan no saber, y pongan de pie a Laritza Ulloa a presentar las noticias o, por último, repitan San Nicolás del Peladero o Detrás de la Fachada.

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