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lunes, mayo 31, 2010

A LA MEMORIA DE FRANK

Perdóname,

perdóname por no haber entendido a tiempo que necesitabas más horas de las que pudimos darte

perdóname por no haber descubierto todos los dolores de tu vida,

todas las penas que te acompañaron en ese asomo, visita fugaz, al mundo de los vivos.

Algún día Dios me concederá aquella petición que le hiciste para ti mismo en uno de tus poemas:

Perdónalo Dios.

Frank. Pudo haber sido Frank Lima, el autor de poemarios, merecedor de premios, escritor de novelas,… pero, ¡ay! la muerte. Pensó que la vida era un juego y se atrevió a subestimarla, se quiso dar el gustazo de burlarla, de salirse con las suyas… porque siempre quiso salirse con las suyas. Pensó que la vida se podía burlar con un trago de ron. No supo evitar la muerte, tal vez porque no alcanzó a entender que la muerte a destiempo es una traición a sí mismo más que a los demás.

Pudo haber sido Frank Lima, el poeta. Pero no lo fue. Y se quedó sólo como Frank, el amigo de sus amigos, el hijo de un padre caótico, el hermano de un hermano que no lo vio muerto. O Frank, el locutor de programas de radio. Pero los sonidos pueden dispersarse muy fácil en los oídos contaminados de una ciudad donde el viento sopla fuerte para alargar palabras y condenar voces al olvido. Tal vez logró eso, ser Frank, el muchacho locutor de la radio. ¿Frank? ¿Murió? Murió Frank ¿Qué Frank? Frak, el locutor, sí chico, trabajaba en Radio Metropolitana. Y entonces el rumor y las versiones hasta la definitiva: lo mataron, lo mató un auto en el Malecón de La Habana.

No alcanzaste para más. No lo quisiste, no quisiste recobrar el valor para alargar la vida. hasta el infinito, hasta esos tiempos lejanos donde el cuerpo hecho polvo hubiera conspirado con tus libros sin escribir, y tus poemas sin publicar.

Y no fue por modestia. Aunque ahora no sé qué pensar. Siempre creímos que te amabas demasiado a ti mismo, pero después de leer los poemas robados a tu ausencia… ¡no sé¡ No llegaste a mostrar nunca tu verdadero yo. Se quedó entre papeles de tanto esconderse en versos y rimas, de refugiarse en metáforas y retruécanos.

Muerte: palabra recurrente en esos poemas que seguimos buscando entre los desórdenes que dejaste en casa aquel día que saliste ajeno de que no habría retorno, de que ya no podrías ordenar el cuarto, seleccionar poemas con rigor, buscar una editorial interesada en el pesimismo, pedirle a un crítico un prólogo y correr con una carpeta bajo el brazo en busca del financiamiento que nos hubiera permitido enterarnos de tu tristeza antes de la muerte.

lunes, mayo 10, 2010

CAETANO VELOSO EN CHILE


Caetano Veloso llegó este fin de semana a Chile. Tres músicos en el escenario – bajo, batería y guitarra de los muchachos del Trío Cé, agrupación que creó en el año 2006 – y su talento, a prueba de años, bastaron para poner de pie, varias veces, a los miles de fanáticos que llenaron el circular recinto del teatro Caupolicán, en la capital chilena. Los aportes instrumentales de jóvenes con la mitad de su edad, y la misma capacidad interpretativa del cantautor, a sus casi 70 años, hicieron un matrimonio como para que ninguno de los presentes olvidara esa noche.

El músico brasileño presentó en Santiago el mismo show (Zii e Zie) que estrenó recientemente en su país, el que le ganó al día siguiente de su actuación algunos calificativos como “camaleónico”, a causa de su capacidad para adaptarse, cambiar y – sin embargo – seguir siendo Caetano Veloso. La letra de sus canciones sigue el estilo de siempre, aunque en lo musical se le vio más emparentado de lo normal con el rock y la música electrónica. Fue la concreción del anuncio que hizo al llegar a Santiago: venía a presentar sus nuevos inventos musicales de la transamba y el transrock.

Durante la presentación, habló sólo una vez para dar las gracias a los chilenos y, a diferencia de las decenas de artistas internacionales que han pisado suelo local tras el 27 de febrero último, Caetano no se refirió al terremoto, ni dedicó el concierto a las víctimas, ni anunció donación de recaudaciones. El aplauso que han buscado algunos, de manera fácil, flirteando con los sentimientos post tragedia, llegó infinita cantidad de veces sin necesidad de remover dolores.

En esa ocasión mencionó a su hermana menor, María Bethania. Contó que la canción que recién había interpretado la escribió en formato de carta, cuando desde Inglaterra – en los tiempos de su exilio – le escribió pidiéndole ayuda. Otra vez, Chile lo aplaudió fuertemente. Estaba frente a un público experto en tragedias, en dictaduras y exilios.

Cuba también estuvo presente en su espectáculo, al exigir respeto a los derechos humanos; pero a los Estados Unidos. Cantó con fuerza inusitada, y con un estribillo a base de repeticiones, “fuera de Guantánamo”. Le habló a las favelas, a sus barrios, a Osama, a Afganistán…

El montaje fue minimalista, de extrema y agradecida sencillez. El manejo de luces, espectacular. Quizás estuvieron de más los efectos multimedia con los que quiso identificar su gira con un vuelo. Playas, océanos y ciudades pasaron por el telón de fondo que fue un distractor para sus nuevos textos, que exigían atención especial por su idioma portugués. El parapente en el escenario casi siempre careció de sentido.

Fue humilde. Desde su vestimenta hasta la relación con el público. Mientras cantó no perdió de vista la forma circular del teatro Caupolicán y revisó con su mirada, sus brazos y sus gestos cada parte de la geometría. Tocó las manos, una y otra vez, de los enfebrecidos de primera fila. A cambio recibió el cariño y la ovación. Volvió al escenario dos veces, haciendo uso de las canciones preparadas para la ocasión. El público se negaba a abandonar el recinto, pero el concierto ya había terminado.

RADIO CIUDAD DE LA HABANA, UNA HISTORIA QUE CONTAR


¡Qué bueno , una radio para jóvenes¡ - dijo Fidel Castro el día de la inauguración, tras escuchar aquel slogan inicial de la radio joven de la capital. Algunos de los presentes se encogieron de hombros y aceptaron el nuevo desafío de complacer al jefe, o al menos de no contradecir públicamente su errónea interpretación. Radio Ciudad NO nació como una radio para los jóvenes de la capital de país. Lo de la frase se refería exclusivamente a que era la emisora más nueva que aparecía en el espectro de La Habana. Sin embargo, su inauguración el 26 de Julio de 1978, en medio de las celebraciones del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, no hizo más que acrecentar la duda hasta el punto de que hoy el discurso jura que es una radio para la juventud. La misma página oficial de la frecuencia así lo dice.

Me lo contó con detalles María Gregoria, un día en que sentados en un escritorio del edificio ENE del Vedado – a donde se fueron los estudios definitivamente – repasamos su vida como la voz que identificó la emisora; una voz que a pesar de que hace 10 años no escucho resuena en mis oídos con una dulzura infinita, y hasta con añoranza. Ya no la volveremos a escuchar, sino en grabaciones. María Gregoria murió inexplicablemente, dicen que de locura. La noticia me llegó desde lejos hace unos años y me apretó el pecho. Fueron muchos años teniéndola, primero, en mi equipo receptor; después, en los pasillos de la emisora o en los estudios de grabaciones. Cuando la recuerdo creo escuchar su voz, repitiéndomelo: la radio joven de la capital.

María Gregoria, junto a Robert Martin, fueron las voces que han identificado a Radio Ciudad de La Habana. A ellos dos se sumaba Gladys Roque, que hoy vive fuera de Cuba pero que la recuerdo con un timbre y tono demasiado exclusivos como para que nunca encontremos ninguna otra voz parecida. Los tres con la experiencia, la técnica, la escuela y la disciplina profesional adquirida con tantos años de radio en el cuerpo. Recuerdo a Robert, canoso, yendo a grabar con puntualidad inglesa y paso lento, canoso, de tono fuerte pero encantador. Identifico su voz con el rescate de los valores del patrimonio musical cubano que le tocó protagonizar en los estudios de Ciudad. De presentar en Radio Progreso, quizás, a Alfredito Rodríguez o algún timbal de moda, llegaba a recordarnos a los grandes con las voces y en los escenarios de antaño. Muchos desconocidos, muchas glorias en los tiempos del olvido, muchos muertos, incluso exiliados, desfilaron en las producciones musicales de programas como El Fonógrafo de Robert (quizás entonces uno de los pocos programas que recuerdo con el nombre de su figura principal, algo que el sistema mediático cubano mira con pavor). A la experiencia de estas voces se unieron las ganas y el talento de una generación.

Mientras los realizadores radiales del país sufrían por los porcentajes, y se las ingeniaban para burlar la política de difusión para artistas y discos internacionales, un grupo de talentosos jóvenes decidieron que brindar por lo nuestro no era una obligación sino un gusto que tenían que compartir con todos. Y lo hicieron con placer y ganas, lo que se tradujo en excelentes e inolvidables programas que no venían con la factura tradicional de la fábrica cubana. Quizás ese fue el mayor plus de la programación que durante varios años la emisora puso en antena como un verdadero regalo para sus oyentes, para la historia de la radio cubana y para nuestra cultura. Y no exagero. Algunos eran poetas o escritores devenidos guionistas para la radio. Otros cinéfilos, músicos o musicólogos, balletómanos,… Casi todos tenían algo que decir o, al menos, sabían lo que querían decir. Otra gran diferencia con el panorama tradicional que exhibía el poderío de un colegio de locutores, técnico y conservador, más interesado en la forma engolada y en el texto políticamente correcto para repetir con puntos y comas que en el efecto real de la comunicación y la recepción del mensaje. En vez de “aprender” nos enseñaron a “hacer” una radio más real, más natural e indiscutiblemente de un nivel cultural como ninguna otra emisora de programación variada, de todas las existentes en Cuba. Radio Ciudad durante mucho tiempo no hizo concesiones.

Recuerdo un punto de giro. Entonces consideré lamentable e, incluso, inexplicable. Vi incoherente, en su momento, que alguien Fuera de Serie como Lázaro Sarmiento se convirtiera en el director de un programa que me pareció chabacano para el auditor de esa radio. Creí entonces que Disco Fiesta 98 se podía encontrar en cualquier parrilla de otra emisora pero no en la de Radio Ciudad. Hoy tengo una opinión más modera – al menos en lo que respecta a la radio - y menos elitista que entonces. Y creo que incluso esa cierta vulgaridad de Roilé Rodríguez – a veces escandalosa – fue un aporte para la radio en general.

Si bien la música bailable era patrimonio de Luis Ríos Vega, Ramón Espigul (Radio Rebelde) o de María Antonia Álvarez (Radio Progreso), con cierta ascendencia monopólica sobre los músicos de moda y su poder, muchos de ellos también se fueron con sus discos a una radio que no era de cobertura nacional. ¿Por qué los salseros, soneros y cumbieros cubanos comenzaron a mirar con buenos ojos una pequeña radio hecha por y para gente elitista, y a veces – hay que decirlo – medio engreída? Antes que los tradicionales programadores de música, Lázaro Sarmiento y Roilé Rodríguez (quien debe haber sobrevivido a varias sanciones) probaron fórmulas inconcebibles entonces en la radio local y que pertenecían más al terreno de la publicidad y del posicionamiento – en un país donde la publicidad asusta y hasta puede producir urticarias - que al concepto de “poner un número musical y dar un dato relacionado”. El día que escuché por primera vez la misma canción repetida pensé que era un error. Nunca lo fue. Es una fórmula que hoy usa la publicidad en todo el mundo en sus tandas comerciales para asegurar el recuerdo de marca. Y la conocí hace 15 años en Radio Ciudad de La Habana cuando, como en el lenguaje publicitario, intentaban hacernos repetir y pegar el disco quizás más conveniente.

Más allá de las confusiones, concesiones o definiciones, Radio Ciudad fue una escuela en la formación de los gustos estéticos y musicales de toda una generación, dentro la que me cuento. En sus programas aprendí a escuchar a Sindo Garay, Bola de Nieva, Barbarito Diez o María Teresa Vera. Hay espacios que quedaron para siempre en mi memoria, algunos de los cuales imagino que aún se escuchan, aunque no sea con los protagonistas originales: Los Grandes Todos, Brindis por los Nuestro, El Complot de los Compactos, El Show de la Nostalgia,… Pero la parrilla también fue dadivosa en estilos y gustos musicales, Giros, Pizarra Azul, Rapsodia Latina, Melomanía, Musicalísimo, Disco Ciudad o Terapia. Hubo programas de compañía que pertenecen a mi memoria y de los cuales debe haberme quedado algo de conocimiento: Palabras contra el olvido (increíble y recordada siempre Albis Torres), Una historia que contar, Cambiando de Tema (con Lupe María Romero), Hablar de Poesía o Café Ciudad. Además de los programas y de los nombres que ya he mencionado, hay otros que suena como si estuviéramos en una sesión de entonces: Danilo José (recuerdo que a inicios de los 90 desapareció sin que nadie supiera donde estaba y un día lo vi de vuelta. Seguro andaba de parranda), Maritza Isla, Braulio Cancio, Edda Esquivel, Gladys Wilson, Joel Valdés, Xavier Rodríguez, Armantina Almiñaque, Juanito Camacho, Luis Margarita,(faltan muchos). O de Federico Wilkins que me he encontrado por estos días en Facebook. Y que fue el primer director de Ciudad que conocí, cuando con 17 años la periodista Mariela Díaz me llevó con él para que participáramos en un programa que se llamaba Rienda Suelta. Maritza Isla conducía ese programa de Wilkins. Ella vivía en Alamar y las guaguas… ya sabes de esos años. Tiempo después, parecía que no llegaría – como ocurrió – e Ivón Liantaud me lanzó al aire. Era 1991 y yo conducía mi primer programa de radio, justo en Ciudad.

Ivón dirigió también a Camilo Egaña en Buenas Noches, Ciudad o El Sonido de la Ciudad. Recuerdo que muchas veces me quedaba en el estudio después de Rienda Suelta para disfrutar de Camilo en aquellas noches y aquella radio donde se ganó el apelativo de Infante Terrible de la radio cubana. El capítulo Valdés-Egaña es memorable en la historia de esa radio. Ellos intentaron, en un dueto increíble, hacer un aporte en donde no había llegado el talento creativo de los realizadores: los programas del área de prensa.

La parte informativa fue siempre la menos feliz de Radio Ciudad de La Habana, tenía el mismo diagnóstico, o la misma enfermedad, que el resto de nuestra programación informativa. No obstante, recuerdo ejercicios importantes o experimentos para lograr sacar de aquella inmovilidad el desfile de noticias y de cintas intrascendentes.

La emisora quiso colocar sus talentosos realizadores, conductores y guionistas para mejorar la programación informativa.… Hicieron desfilar por sus programas de noticias a importantes voces y rostros de la radio y televisión nacional. Recuerdo a Joel Valdés relanzando un alicaído De todo, tras años de mortandad que quedó tras el paso de Alberto de Pérez y los mejores tiempos del programa. Joel llevó a Rosalía Arnáez y después Castillo, incorporó a Jossie Jiménez. Recuerdo aquel programa local dando estados del tiempo, como loco, de montones ciudades del mundo, como si fuera un programa de señal internacional. En esos días compartí lectura de noticias con Betty Ferrer, y Omi Soria, del Ballet Nacional, una mucha con una energía y ganas de vivir increíbles.

Recuerdo también a José Hugo Fernández tratando de hacer maravillas en Pulso 15, un noticiario que después se convirtió en Diario Hablado, pero que de la mano de José Hugo se ganó varios premios en festivales radiales.

Mencioné a Betty Ferrer y la recuerdo, además de por sus hermosos ojos verdes, pòr su tono y su técnica. Hace poco le dije, al encontrarla en las redes sociales, que ella fue una apuesta en silencio que me hice a mí mismo al escucharla. Era una de las grandes promesas informativas de nuestro medio. Hoy vive fuera del país y quizás la radio no sea motivo de su vida, pero existe una oportunidad sería excelente un retorno al medio; juventud y talento tiene.

Quizás el programa más logrado, entre todos los que tenían noticias y entrevistas, era Hoy; exclusivo para temas artísticos de actualidad. En mis años de universitario era infaltable escuchar “El Cartel Cultural de la Ciudad”, para ver a qué rincón irnos a enajenar con un poco de cultura. Por allí pasaron muchos; creo que María Gregoria lo hizo al inicio, pero mis recuerdos están en el Hoy, de Alfredo Balmaceda; después pasaron Carlos Figueroa, Abel Álvarez,…

Otro de los logros de ciudad fue haber tenido el ingenio de hacer sus propios dramatizados y programas infantiles. Mientras Radio Arte repartía con su industria de telenovelas capítulos a todas las emisoras del país, recuerdo en que en los estudios de Radio ciudad, los locutores, directores, y hasta músicos, se convertían en actores de guiones y realizaciones propias. Lo mismo en el área infantil donde recuerdo especialmente Quiero Hablar Contigo, del talentoso poeta Sigfredo Ariel. Más tarde, - creo que fue Joel Valdés – crearía el Buenos Días, Personita que hizo Alejandrita.

Si bien mi carrera se caracterizó por hacer una radio informativa, en mis gustos e intereses personales Radio Ciudad fue mi radio. Y sus nombres fueron parte del círculo de esos amigos imaginarios que quienes estamos en la comunicación sabemos que no alcanzan siempre a formar parte de nuestros amigos reales.

En 1996, Radio Rebelde me entregó una hora del domingo, 12.00 M, para hacer un programa a mi pinta. Así nació Pretextos para un domingo, la asesora en ese entonces le fascinó el proyecto y lo sacamos adelante. Betsy Acosta fue la locutora que escogí, amiga y excelente profesional de la radio. Fue una gran fiesta que ella aceptara y disfrutar hacer esa hora de radio. La crítica que recibí de vuelta fue: “Este no es un programa para Radio Rebelde, es un programa para Radio Ciudad”. De todas formas, demoraron años en sacarlo del aire y con él me di otro de mis grandes caprichos en la radio. En 1998 ganamos el Primer Premio del Concurso Anual de Periodismo de la UPEC, con una emisión donde conversábamos con Polito Ibáñez, otro artista que conocí en Ciudad.

No importa si hoy Radio Ciudad de La Habana es o no esa emisora de antes; creo que lo importante es rescatar la experiencia y los momentos que nos regaló como ninguna otra emisora cubana. Y que para muchos fue una escuela que no se olvida.

EL DÍA QUE MIRIAM RAMOS LLORÓ…

Foto: La Jiribilla


Luisa Margarita era la Asesora y después de la emisión de aquel programa se lamentó de no haber pedido grabarlo. Parece que quedó bien o al menos le gustó. Los asesores, desde fuera del estudio, podían evaluar mejor un programa; dentro de una cabina de radio generalmente entre la adrenalina y placeres culpables uno se influencia demasiado y termina creyendo que hizo el gran programa, cuando eso se sabe sólo cuando quien lo escucha así lo cree.

Hacía algunos meses yo me había hecho cargo de La Banda Sonora de la Mañana (Radio Ciudad de La Habana; domingos, 07:00 – 12:00 horas). Ese domingo le había pedido que nos acompañara a una mujer que desde chico me resultó cautivante.

Miriam Ramos acababa de ganar el premio CubaDisco por interpretar las canciones que se hicieron famosas en la voz de nuestro Bola de Nieve. Fue un pretexto espectacular para hacerla levantar temprano una mañana de domingo. Pasadas las 09:00 horas, Miriam Ramos llegó a los estudios del edificio del Pabellón Cuba para protagonizar un programa en vivo, que esa mañana dedicaríamos especialmente a ella. Mujer de figura impactante, de rostro enérgico, voz calmada y dulce. Si físicamente su impecable y hermosa cabellera blanca la identificaron en estilo y presencia; la canción Mariposa fue su estigma en cuanto a repertorio.

Yo había pedido al realizador de sonido (estoy casi seguro que era la inigualable Edda Esquivel) comenzar la entrevista con esa canción, pero le alerté de que estuviera preparado porque si Miriam aceptaba cantar A Capella este tema, debería mezclar al aire las dos versiones simultáneas. Dijo que sí a todo y cuando la versión grabada comenzó a sonar, Miriam abrió su boca y… el realizador hizo dos cross fade, hasta que, a mi señal, hizo desaparecer la cinta. Teniéndola a ella ahí no había que desperdiciar la oportunidad.

Recuerdo la conversación de ese día como un diálogo muy sincero y especial. Pero de todas las cosas que me contó, nunca he podido olvidar por lo asombroso que me resultó, su historia acerca de su debut en el Museo de Bellas Artes. Después de esa ocasión, comenzó una guerra que le costaría mucho tiempo ganar. Cuando trajo de vuelta al repertorio nacional, a pocos años del inicio de la Revolución, a íconos de la vieja canción cubana, de la trova santiaguera y tradicional y a otros que la nueva institucionalidad cultural calificó como “música antigua”. Miriam no decayó y hoy exhibe con orgullo haber dado la pelea y haber sido de las que más luchó por devolver al pentagrama local las voces y los textos que también nos pertenecían.

Hoy me he acordado de este episodio radial, porque cada vez que viajamos a la Semilla – Cuba, La Habana, nuestro cuarto de infancia, la casa de nuestra madre – revisamos una y otras las cajas que nuestras viejas guardan con la esperanza del retorno definitivo. En cada viaje de esas cajas rescato añejos papeles. Entre los que metraje esta vez encontré sorpresivamente anotaciones manuscritas y emborronadas de aquella mañana habanera del año 2000. Era parte del texto que fui construyendo en la medida en que avanzaba la conversación con Miriam. De lo que puedo entender y rescatar, entonces escribí para despedir el programa lo siguiente:

“Esta fue la historia, en su propia voz, de una mujer que quiso ser arquitecta hasta que descubrió que había maneras miles de construir espacios. Esta es la historia contada de una muchacha de preuniversitario que cantó en casas y que se estrenó en público en marzo del año 1964, cuando la crítica y los funcionarios no pudieron ponerse de acuerdo para el escándalo. Unos – los críticos – felizmente escandalizados; los otros – los administradores del arte - escandalizantes”. Todo ocurrió un memorable día en el Museo de Bellas Artes, de La Habana.
Esta es la historia de una mujer que acaba de confesar que conserva en algún rincón de sus años la niña que fue. ¿Quizás por eso es feliz invitando a dormir cada noche a los pequeños con la canción de la Calabacita? … Es también la mujer que nos habló, como en el jardín de su casa, de Pablo, Vicente, Noel, Sara, Silvio, o Emiliano… esos amigos suyos que tantos quisiéramos tener como nuestros.
Se ha confesado atraída por la filosofía de un libro que acaba de leer y donde se describen las complejidades del éxito. No se queja de su popularidad. Tiene muchas ideas por concretar y muchas canciones por cantar. Confiesa vivir con más placer cuando mira hacia arriba. Acepta tener montones de ataques de locura, pero sueña con momentos de lucidez.
Además de fascinarnos con sus interpretaciones, Miriam Ramos nos ha demostrado una vez más esta mañana su capacidad infinita para engranar palabras para el diálogo y regalarnos discursos que cautivan y enamoran.
Dio gracias a la vida, en esta radio, por todas las cosas que le ha dado. Y anda segura de que para obtener lo que deseamos no hacen falta alas. Así logramos que el vuelo no se haga demasiado largo porque todos queremos seguir teniéndola como nuestra Mariposa”.

La asistente (creo que era Mayrita Cruz)entró para alcanzarme el ramo de Mariposas blancas que le habíamos comprado. Miram me miró y estaba llorando. Le hice un ademán en silencio: adelante. Y volvió A Capella a cantar el tema que la hizo famosa en el repertorio musical cubano. Así terminó ese día LA BANDA SONORA DE LA MAÑANA.

lunes, mayo 03, 2010

POR LA BOCA MUERE EL PEZ: EL ADIÓS DE NACHO Y LAS TITIS


La Muralla Infernal — que bien hubiera podido llamarse La Muraya Hinfernal — terminó su ciclo en pantalla, pero mientras existió hizo un esfuerzo loable por diferenciarse de sus competidores “Mekanos”, incluyendo en los procesos de eliminación de equipos pruebas de conocimiento, entre ellas, El Dictado Infernal.

El Nacho y “las Titis” habían regresado a esta extraña televisión para jóvenes y todo indicaba que iban por buen camino. Las tardes de Mega nos devolvieron en hermosas jóvenes el recuerdo de aquel personaje de Dayana Amigo que soñaba con ser famosa, tener un gran auto, un novio con abultada cuenta de crédito, ropa de marca,… pero que llegó a ser amada por la soberana ingenuidad con la que asumía su ignorancia.

Nacho y sus “Titis” nos alertaron de la calamidad nacional que vivimos; a la ya científica y lapidaria conclusión de que los chilenos no entendemos lo que leemos, se sumó la confirmación en pantalla de que tampoco sabemos escribir.

Los programas relacionados con el saber quedaron para contar la historia de la televisión. Los ejecutivos comerciales juran que el conocimiento no vende, los editores y programadores se halan los pelos con programas al límite de la barbarie y los creativos se justifican con una televisión más moderna, como si la modernidad fuera la antítesis de la inteligencia.

Todos parecen haberse puesto de acuerdo para el convite y se han lanzado al reciclaje de Mekano, aquella formula cuestionable, pero exitosa comercialmente, que hoy copian con mayor o menor creatividad todos los canales de la televisión abierta. La opción de La Muralla… de amenizar músculos y siliconas con concursos de habilidades fue una muy buena decisión, para rescatar hábitos de audiencia, poco a poco. Quien un mal habito adquiere, esclavo de él vive y muere – dice el refrán.

La ortografía sí vende. Ver a una cabra feliz de mostrar sus carnes escribiendo ocseción por obsesión es una oportunidad inmejorable para elevar el rating de un programa. La Muralla… debió de haber sido vista por las familias avergonzadas de esos muchachos, por los compañeros y amigos para reírse de su ignorancia, por los parlamentarios y políticos para reconsiderar sus discursos acerca la calidad de la educación, por los ex ministros de Educación para agachar la cabeza, por los directores de colegios para no cerrar cursos escolares por adelantado,…

Hasta ahora quienes nos reíamos con los textos que salen a diario a través de los GC de programas y noticiarios (GC: Generador de Caracteres) habíamos encontrado en el dictado de La Muralla… otro minuto feliz… Ante la despedida sorpresiva me pregunto: ¿En qué otro lugar de la TV local podremos ver a un muchacho en edad universitaria escrivir tantos herrores y orrores?

La salida del aire de este espacio de MEGA me deja con las ganas de haber disfrutado de otros concursos de ciencias, historia o geografía; era la opción para no tener que esperar a un próximo concurso Miss y ver cómo un “linda” ubica la muralla China en Latinoamérica. Nuestras pantallas son abundantes en reyes y reinas. Potenciemos esos instantes deliciosos, si tenemos todo lo necesario para hacer de cada programa un concurso de belleza: bonitas caras, lindas pechugas y marcados músculos, prominentes traseros, escasa inteligencia y poca vergüenza.

Hagamos una televisión donde Arenita se nos lance del tercer piso, pero al menos con El Principito en las manos, o donde la próxima Carlita Ochoa que inventemos pueda escribir un libro por sí misma.

Ahora que La Muralla Infernal no está con nosotros le agradezco la profunda catarsis que produjo. Ahí estuvo otro valor importante del programa: a veces mirándolo nos sorprendió cuestionando nuestro entorno ¿Por qué piden tanto los profesores de Chile? ¿Cuándo nos tocará exigirles a ellos que se hagan cargo, de una vez por todas, de la deuda histórica que tienen con la ortografía y el saber de varias generaciones?