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lunes, mayo 10, 2010

RADIO CIUDAD DE LA HABANA, UNA HISTORIA QUE CONTAR


¡Qué bueno , una radio para jóvenes¡ - dijo Fidel Castro el día de la inauguración, tras escuchar aquel slogan inicial de la radio joven de la capital. Algunos de los presentes se encogieron de hombros y aceptaron el nuevo desafío de complacer al jefe, o al menos de no contradecir públicamente su errónea interpretación. Radio Ciudad NO nació como una radio para los jóvenes de la capital de país. Lo de la frase se refería exclusivamente a que era la emisora más nueva que aparecía en el espectro de La Habana. Sin embargo, su inauguración el 26 de Julio de 1978, en medio de las celebraciones del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, no hizo más que acrecentar la duda hasta el punto de que hoy el discurso jura que es una radio para la juventud. La misma página oficial de la frecuencia así lo dice.

Me lo contó con detalles María Gregoria, un día en que sentados en un escritorio del edificio ENE del Vedado – a donde se fueron los estudios definitivamente – repasamos su vida como la voz que identificó la emisora; una voz que a pesar de que hace 10 años no escucho resuena en mis oídos con una dulzura infinita, y hasta con añoranza. Ya no la volveremos a escuchar, sino en grabaciones. María Gregoria murió inexplicablemente, dicen que de locura. La noticia me llegó desde lejos hace unos años y me apretó el pecho. Fueron muchos años teniéndola, primero, en mi equipo receptor; después, en los pasillos de la emisora o en los estudios de grabaciones. Cuando la recuerdo creo escuchar su voz, repitiéndomelo: la radio joven de la capital.

María Gregoria, junto a Robert Martin, fueron las voces que han identificado a Radio Ciudad de La Habana. A ellos dos se sumaba Gladys Roque, que hoy vive fuera de Cuba pero que la recuerdo con un timbre y tono demasiado exclusivos como para que nunca encontremos ninguna otra voz parecida. Los tres con la experiencia, la técnica, la escuela y la disciplina profesional adquirida con tantos años de radio en el cuerpo. Recuerdo a Robert, canoso, yendo a grabar con puntualidad inglesa y paso lento, canoso, de tono fuerte pero encantador. Identifico su voz con el rescate de los valores del patrimonio musical cubano que le tocó protagonizar en los estudios de Ciudad. De presentar en Radio Progreso, quizás, a Alfredito Rodríguez o algún timbal de moda, llegaba a recordarnos a los grandes con las voces y en los escenarios de antaño. Muchos desconocidos, muchas glorias en los tiempos del olvido, muchos muertos, incluso exiliados, desfilaron en las producciones musicales de programas como El Fonógrafo de Robert (quizás entonces uno de los pocos programas que recuerdo con el nombre de su figura principal, algo que el sistema mediático cubano mira con pavor). A la experiencia de estas voces se unieron las ganas y el talento de una generación.

Mientras los realizadores radiales del país sufrían por los porcentajes, y se las ingeniaban para burlar la política de difusión para artistas y discos internacionales, un grupo de talentosos jóvenes decidieron que brindar por lo nuestro no era una obligación sino un gusto que tenían que compartir con todos. Y lo hicieron con placer y ganas, lo que se tradujo en excelentes e inolvidables programas que no venían con la factura tradicional de la fábrica cubana. Quizás ese fue el mayor plus de la programación que durante varios años la emisora puso en antena como un verdadero regalo para sus oyentes, para la historia de la radio cubana y para nuestra cultura. Y no exagero. Algunos eran poetas o escritores devenidos guionistas para la radio. Otros cinéfilos, músicos o musicólogos, balletómanos,… Casi todos tenían algo que decir o, al menos, sabían lo que querían decir. Otra gran diferencia con el panorama tradicional que exhibía el poderío de un colegio de locutores, técnico y conservador, más interesado en la forma engolada y en el texto políticamente correcto para repetir con puntos y comas que en el efecto real de la comunicación y la recepción del mensaje. En vez de “aprender” nos enseñaron a “hacer” una radio más real, más natural e indiscutiblemente de un nivel cultural como ninguna otra emisora de programación variada, de todas las existentes en Cuba. Radio Ciudad durante mucho tiempo no hizo concesiones.

Recuerdo un punto de giro. Entonces consideré lamentable e, incluso, inexplicable. Vi incoherente, en su momento, que alguien Fuera de Serie como Lázaro Sarmiento se convirtiera en el director de un programa que me pareció chabacano para el auditor de esa radio. Creí entonces que Disco Fiesta 98 se podía encontrar en cualquier parrilla de otra emisora pero no en la de Radio Ciudad. Hoy tengo una opinión más modera – al menos en lo que respecta a la radio - y menos elitista que entonces. Y creo que incluso esa cierta vulgaridad de Roilé Rodríguez – a veces escandalosa – fue un aporte para la radio en general.

Si bien la música bailable era patrimonio de Luis Ríos Vega, Ramón Espigul (Radio Rebelde) o de María Antonia Álvarez (Radio Progreso), con cierta ascendencia monopólica sobre los músicos de moda y su poder, muchos de ellos también se fueron con sus discos a una radio que no era de cobertura nacional. ¿Por qué los salseros, soneros y cumbieros cubanos comenzaron a mirar con buenos ojos una pequeña radio hecha por y para gente elitista, y a veces – hay que decirlo – medio engreída? Antes que los tradicionales programadores de música, Lázaro Sarmiento y Roilé Rodríguez (quien debe haber sobrevivido a varias sanciones) probaron fórmulas inconcebibles entonces en la radio local y que pertenecían más al terreno de la publicidad y del posicionamiento – en un país donde la publicidad asusta y hasta puede producir urticarias - que al concepto de “poner un número musical y dar un dato relacionado”. El día que escuché por primera vez la misma canción repetida pensé que era un error. Nunca lo fue. Es una fórmula que hoy usa la publicidad en todo el mundo en sus tandas comerciales para asegurar el recuerdo de marca. Y la conocí hace 15 años en Radio Ciudad de La Habana cuando, como en el lenguaje publicitario, intentaban hacernos repetir y pegar el disco quizás más conveniente.

Más allá de las confusiones, concesiones o definiciones, Radio Ciudad fue una escuela en la formación de los gustos estéticos y musicales de toda una generación, dentro la que me cuento. En sus programas aprendí a escuchar a Sindo Garay, Bola de Nieva, Barbarito Diez o María Teresa Vera. Hay espacios que quedaron para siempre en mi memoria, algunos de los cuales imagino que aún se escuchan, aunque no sea con los protagonistas originales: Los Grandes Todos, Brindis por los Nuestro, El Complot de los Compactos, El Show de la Nostalgia,… Pero la parrilla también fue dadivosa en estilos y gustos musicales, Giros, Pizarra Azul, Rapsodia Latina, Melomanía, Musicalísimo, Disco Ciudad o Terapia. Hubo programas de compañía que pertenecen a mi memoria y de los cuales debe haberme quedado algo de conocimiento: Palabras contra el olvido (increíble y recordada siempre Albis Torres), Una historia que contar, Cambiando de Tema (con Lupe María Romero), Hablar de Poesía o Café Ciudad. Además de los programas y de los nombres que ya he mencionado, hay otros que suena como si estuviéramos en una sesión de entonces: Danilo José (recuerdo que a inicios de los 90 desapareció sin que nadie supiera donde estaba y un día lo vi de vuelta. Seguro andaba de parranda), Maritza Isla, Braulio Cancio, Edda Esquivel, Gladys Wilson, Joel Valdés, Xavier Rodríguez, Armantina Almiñaque, Juanito Camacho, Luis Margarita,(faltan muchos). O de Federico Wilkins que me he encontrado por estos días en Facebook. Y que fue el primer director de Ciudad que conocí, cuando con 17 años la periodista Mariela Díaz me llevó con él para que participáramos en un programa que se llamaba Rienda Suelta. Maritza Isla conducía ese programa de Wilkins. Ella vivía en Alamar y las guaguas… ya sabes de esos años. Tiempo después, parecía que no llegaría – como ocurrió – e Ivón Liantaud me lanzó al aire. Era 1991 y yo conducía mi primer programa de radio, justo en Ciudad.

Ivón dirigió también a Camilo Egaña en Buenas Noches, Ciudad o El Sonido de la Ciudad. Recuerdo que muchas veces me quedaba en el estudio después de Rienda Suelta para disfrutar de Camilo en aquellas noches y aquella radio donde se ganó el apelativo de Infante Terrible de la radio cubana. El capítulo Valdés-Egaña es memorable en la historia de esa radio. Ellos intentaron, en un dueto increíble, hacer un aporte en donde no había llegado el talento creativo de los realizadores: los programas del área de prensa.

La parte informativa fue siempre la menos feliz de Radio Ciudad de La Habana, tenía el mismo diagnóstico, o la misma enfermedad, que el resto de nuestra programación informativa. No obstante, recuerdo ejercicios importantes o experimentos para lograr sacar de aquella inmovilidad el desfile de noticias y de cintas intrascendentes.

La emisora quiso colocar sus talentosos realizadores, conductores y guionistas para mejorar la programación informativa.… Hicieron desfilar por sus programas de noticias a importantes voces y rostros de la radio y televisión nacional. Recuerdo a Joel Valdés relanzando un alicaído De todo, tras años de mortandad que quedó tras el paso de Alberto de Pérez y los mejores tiempos del programa. Joel llevó a Rosalía Arnáez y después Castillo, incorporó a Jossie Jiménez. Recuerdo aquel programa local dando estados del tiempo, como loco, de montones ciudades del mundo, como si fuera un programa de señal internacional. En esos días compartí lectura de noticias con Betty Ferrer, y Omi Soria, del Ballet Nacional, una mucha con una energía y ganas de vivir increíbles.

Recuerdo también a José Hugo Fernández tratando de hacer maravillas en Pulso 15, un noticiario que después se convirtió en Diario Hablado, pero que de la mano de José Hugo se ganó varios premios en festivales radiales.

Mencioné a Betty Ferrer y la recuerdo, además de por sus hermosos ojos verdes, pòr su tono y su técnica. Hace poco le dije, al encontrarla en las redes sociales, que ella fue una apuesta en silencio que me hice a mí mismo al escucharla. Era una de las grandes promesas informativas de nuestro medio. Hoy vive fuera del país y quizás la radio no sea motivo de su vida, pero existe una oportunidad sería excelente un retorno al medio; juventud y talento tiene.

Quizás el programa más logrado, entre todos los que tenían noticias y entrevistas, era Hoy; exclusivo para temas artísticos de actualidad. En mis años de universitario era infaltable escuchar “El Cartel Cultural de la Ciudad”, para ver a qué rincón irnos a enajenar con un poco de cultura. Por allí pasaron muchos; creo que María Gregoria lo hizo al inicio, pero mis recuerdos están en el Hoy, de Alfredo Balmaceda; después pasaron Carlos Figueroa, Abel Álvarez,…

Otro de los logros de ciudad fue haber tenido el ingenio de hacer sus propios dramatizados y programas infantiles. Mientras Radio Arte repartía con su industria de telenovelas capítulos a todas las emisoras del país, recuerdo en que en los estudios de Radio ciudad, los locutores, directores, y hasta músicos, se convertían en actores de guiones y realizaciones propias. Lo mismo en el área infantil donde recuerdo especialmente Quiero Hablar Contigo, del talentoso poeta Sigfredo Ariel. Más tarde, - creo que fue Joel Valdés – crearía el Buenos Días, Personita que hizo Alejandrita.

Si bien mi carrera se caracterizó por hacer una radio informativa, en mis gustos e intereses personales Radio Ciudad fue mi radio. Y sus nombres fueron parte del círculo de esos amigos imaginarios que quienes estamos en la comunicación sabemos que no alcanzan siempre a formar parte de nuestros amigos reales.

En 1996, Radio Rebelde me entregó una hora del domingo, 12.00 M, para hacer un programa a mi pinta. Así nació Pretextos para un domingo, la asesora en ese entonces le fascinó el proyecto y lo sacamos adelante. Betsy Acosta fue la locutora que escogí, amiga y excelente profesional de la radio. Fue una gran fiesta que ella aceptara y disfrutar hacer esa hora de radio. La crítica que recibí de vuelta fue: “Este no es un programa para Radio Rebelde, es un programa para Radio Ciudad”. De todas formas, demoraron años en sacarlo del aire y con él me di otro de mis grandes caprichos en la radio. En 1998 ganamos el Primer Premio del Concurso Anual de Periodismo de la UPEC, con una emisión donde conversábamos con Polito Ibáñez, otro artista que conocí en Ciudad.

No importa si hoy Radio Ciudad de La Habana es o no esa emisora de antes; creo que lo importante es rescatar la experiencia y los momentos que nos regaló como ninguna otra emisora cubana. Y que para muchos fue una escuela que no se olvida.

9 comentarios:

  1. Justicia, Álvaro, has hecho justicia con esa maravillosa planta de radio que fue Ciudad. Ignoro qué es de ella actualmente. Sí comparto contigo esos buenos recuerdos porque con esos programas que mencionas crecí en mi primera juventud. Es una pena que todo se haya ido lejos -lejos fuera de Cuba- por culpa de la estrechez mental del gobierno. Talento en nuestra isla nunca faltó. Un fuerte abrazo y gracias por este texto.

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  2. Estimado amigo pude leer detenidamente linea por linea este bello trabajo sobre Radio Ciudad de la que muy corto tiempo en el 2007 forme parte en Disco Fiesta y Rapsodia Latina. Te confieso que senti mucho respeto por su equipo profesional que vivian en aquellos estrechos y calurosos estudios como hoy donde la fuerza brutal intenta a base de ese calor irresistible apagar el talento. Si Alvaro para muchos Ciudad fue el horno,una escuela y una radio fuera de serie.

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  3. Tal vez la emisora no sea la recordada en sus comienzos pero todavia existen personas, con talento y ganas de seguir manteniendo el prestigio de ella

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  4. Querido Alvaro,
    Hoy me he enterado de la noticia de la muerte de María Gregoria Diez. Su hija fue compañera mía de estudios en el preuniversitario, y es una maravillosa persona a quien quiero y me he reencontrado con ella tras una pausa de nueve años. Conocí por aquellos años del pre a María Gregoria, con su dulcísima voz. Ahora en New York la noticia me ha dejado helado, nunca me dijeron nada y lo he sabido por otra amiga. Por ninguna parte se dijo nada al parecer.
    Me fui de facebook, pero sigo vivo. Un abrazo, Alvarito.
    F.-

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  5. Estimado Alvaro: Permíteme un apunte. He leido con deleite tu artículo, que me parece genial. Solo me extraña que hagas mención de Melomanía pero que no menciones para nada al conductor del espacio. Nadie habla de José Luis Bergantiños en ningún artículo de los que me encuentro, y para mí fue una voz muy importante en esa emisora. Solo eso quería apuntar. Gracias. Hágase justicia. Benjamín Matos Perea

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  6. Buen articulo, pero te falto un punto de giro fundamental en Radio Ciudad: " El Programa de Ramon"; el especio que puso a correr a la censura, al Partido Provincial, a la policia local y que tambien puso a pensar a la juventud de La Habana en esa epoca. Como parte del equipo que realizabamos ese espacio cada dia en Radio Ciudad, hubiera querido que no se te escapara. Sera para la proxima vez ( o eso espero ) Gracias por recordarnos tam buenos momentos.Saludos.......Fuentes-Viñoly.

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  7. YO me sé esa historia -casi- de cabo a rabo porque la viví al 100%. Todos esos que has nombrado, Alvaro, fueron mis compañeros de trabajo por más de 10 años. Yo, entonces, era un muy joven periodista del informativo que solo con José Hugo lavantó un poco, pero ya sabes a los informadores no tiene miedo y nunca nos dieron una oportunidad notable, pues siemrpe estábamos bajo la mirilla del DOR y otros monstruos. .No obstante, yo tengo orgullo por algunos trabajos que hice. Especialmente con Alberto de Pérez. Saludos. Pedro Beltrán.

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  8. ), para con pretexto y/o sin, “halarnos las orejas”… de esas “reunioncitas”, se dijeron cosas muy que muy interesantes… algún día hablaremos de eso, pues tuve la suerte y ahora pienso que la irresponsable osadía, de recoger en mis libretas de apuntes, las “cosas que allí se decían”… pero eso, aunque no se riñe con el tema que nos ocupa, tampoco es la ocasión para ello… Alvaro, he leído con detenimiento tus remembranzas y me gustaría precisar (más bien matizar) alginas cosas que tu magnífica crónica lamentablemente ha pasado por alto. Básicamente lo que concierne a algunos nombres propios de esa “historia de la Historia” y sus respectivos programas … removiendo algunos pasajes de lo que, casi a diario, se cocinaba en ese “Quinto Piso” resulta imprescindible dejar de nombrar las casi dos horas de programa matutino, “en vivo” y a “micrófono abierto”, de lunes a viernes cubría el espacio “Hablando en Serio” que conducía Francisco Mondelo, dirigido y asesorado por Aries Morales, que siempre tenía la participación de invitados (muy vario pintos) que venían a conversar con la audiencia de temas muy “movidos”, con la participación especial del psicólogo Roca de la Universidad de la Habana; “Pisando el Césped” de Bladimir Zamora, combinando cosas y propuestas trovadorescas que traía Frank Delgado, a veces retocadas por algunas pinceladas de “viñetas” de Eduardo del Llano, también de mi querido amigo Joaquín Borges Triana (habíamos muchos colaboradores para muchos programas, por cierto que, a decir de los tiempos que corrían, Edelsa los pagaba acorde con las llamadas “vinculaciones” (aunque no siempre en tiempo, también habrá que decirlo); “El Rincón de los Poetas” de ese ser imprescindible y humano que fue Albertico Rodríguez Tosca, donde se estrenaron toda una estela de poetas fundamentales de la lírica cubana de los 80’s; hubo un par de programas p mejor dicho tres, que dieron “el cambio de giro” dentro de la radio-audiencia capitalina (sobre todo la más juvenil y “cuestionadora” de la problemática social y de todo tipo), o sea, tres programas que pusieron al joven en los predios de la capital en órbita radial… esos fueron: “Entre Ocho y Diez” conducido y dirigido por Alexis Núñez Oliva; “Ad Libitum” y “Terapia”, escritos, dirigidos y conducidos por Don Juanito Camacho (con colaboraciones de Manduley y el Dago Pedraja) y por supuesto, el plato fuerte de la audiencia de Radio Ciudad, me refiero a “El Programa de Ramón”, dirigido y escrito por el poeta de esa generación, Ramón Fernández Larrea (con su “dosis de humor corrosivo”, entintado por viñetas de Eduardo del Llano, algunos miembros de Nos y Otros, el elenco actoral con Luis Alberto García Jr., Mariela, la sección de la “Perrera” de José Luis Bergantiños (inyección en vena de rock y de toda la metralla del avant garde musical, prohibida y/o “mal vista” por la oficialidad censora de entonces. Puede decirse que en esa triada giró el “nuevo espejismo” en que comenzaría a proyectarse la “nueva ola de la radio nacional cubana”… pero como era de esperar, la “burocracia activa” cogió miedo e hizo cuánto tuvo a su alcance por deshacerse de todos su “hijos bocones e inconformes”… vino la época de las sanciones, las deserciones, las persecuciones y cada quién fue dictaminándose en los “roles de sus fugas personales”… de ahí la estampida que definitivamente se convertiría en la “forzosa diáspora”… y qué bueno, aún queden remembranzas como la de Alvaro… las que en su versión, en mucho, salva la “honrilla” de ese pasado inexacto, tan lleno de nefastos encontronazos y de frugales anécdotas que, aún deambulan ausentes de nuestra historia de la Historia…. Once again, Gracias Álvaro por la generosidad del gesto y por tu buena memoria de revivirlas…

    Robert c. díaz
    (Holloway Road, London)

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