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jueves, noviembre 04, 2010

ARTEMISA ME PENA O LA PENA DE ARTEMISA

Antes que las balsas y los mares
fueron las bicicletas y las guardarrayas

Cual diosa, Artemisa-Pueblo llora de pena y se pregunta cómo hacerlo, cómo renacer en ciudad y crecer hasta Artemisa-Capital. Ciudad de apariencia bombardeada. ¡Ni más ni menos que otras! – será la conclusión para no amilanarse. Tendrá que pensar en lo que durante un tiempo fue para soñar con ser. Hoy Artemisa-Ruina es una pena que crece en el recuerdo de Angerona y de sus casi 50 cafetales idos, en sus ingenios cerrados y su Andorra (Abraham Lincoln) a medio abrir con azúcar de caña sin refinar, en sus cañaverales desfallecidos, en sus platanales tirados por ciclones.

¡Ay, Artemisa¡ Siempre tan cerca y siempre tan lejos. Enferma de fábulas, con una narrativa reducida a gestas y con discursos que fragmentaron la historia en busca del poderoso aplauso entre los caminantes de la llamada Villa Roja. Un Mausoleo parece ser lo único vivo y que en silencio o en susurro se pregunta por la sangre de los 17 muertos de aquellos 28 que se fueron a la pelea del Oriente. Pero el Mausoleo adorado no es capítulo único. Mucho antes, Artemisa dio tierra para las cabalgatas de Antonio Maceo y sus machetazos de independencia, a lo largo de la Trocha Mariel-Majana. ¿Habrá que recriminarle tal vez que celebró su primer Ayuntamiento un primero de enero?,… pero de 1879?

Artemisa avergonzada, embriagada de antigua prosperidad y economías de café y azúcar se pregunta ¿y ahora quién soy? Prostituida en divisiones administrativas y, quizás, cansada de caprichos políticos de moda, esta Artemisa-Hierba vuelve a detener la veleta ante la noticia de la Asamblea “Moderna”. Pinareña de historia, habanera de revolución, se restituye en sí misma y ahora el premio por tanto vandalismo geográfico es que Artemisa será de Artemisa. Tras tanta vida y tanto tropiezo le llegó la hora de sepultarse en sí misma.

Ya no tendrá periódicos para contarse, para escribirse y borrarse, para archivarse… O quizás tenga que nacer uno – uno oficial – para contar las hazañas que se esperan ante un Habanero-Periódico que no tiene proyecto de vida. El auge de la imprenta le regaló a la ciudad revistas como Proa y Artemisa y diarios como el Ideal, La Libertad, El Combate, Reforma o Villa Roja. Hoy acaso llegará uno con el espíritu combativo en el membrete de la primera plana.

Pero de la poesía Artemisa obliga a la cruda historia; esa que se omite y se extirpa, con la falaz intensión de que se olvide su verdadero dolor. Dolor y memoria para contar otro día porque Artemisa, sin ser mi pueblo, fue nombrada en mi vida desde el nacimiento quizás. Sinónimo de comer, vestirse, pasear, viajar; incluso, de delinquir.

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