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jueves, noviembre 04, 2010

HOY RECIBÍ UNA NOTICIA

Hoy un primo me ha contado por Facebook que llegó bien a Miami. Me alegro por su suerte y por su fascinación ante el entorno que ha descubierto. Por algún minuto me imagino con el calor de sus grados Faraday y las olas de “beachs”… pero cualquier imaginación se rompe ante la siguiente frase: “Ayer hablé con tu tío Paco”. Y mi cuerpo, imagino que mandatado por la maestra mente y por la memoria de mis vísceras, no sabe cómo reaccionar. Me perturba la noticia aunque ya la esperaba. Y de repente mis recuerdos van atrás, mucho más atrás, a aquel tío ejemplo, al tío incansable luchador por lo justo, al tío ideólogo de la prole; al tío jefe de Departamento Ideológico de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Y de momento la imagen de mi primo retrocede a la de aquel con la boca ensangrentada porque su padre, mi tío, le acababa de romper los díentes tras descubrirlo mascando un chicle de mal habido origen ideológico. Así era de combativo; las ideas y los sueños – incluso – por encima de la familia. Así se atragantó de tanta utopía hasta que el cansancio en la lucha no tuvo retribuciones. Y desertó… 

Mi tío ha llegado hace un mes a Miami, después de haber batallado hace años por su salida. Siempre legal… Fui testigo reciente de su empeño por dejar todo en orden, por no deberle nada al Estado que idolatró. Fui testigo de ese tío desvencijado de afectos y presentes que imaginó tan distinto cuando otrota hablada del futuro. 

Ese tío que levantó una y otra vez sus casitas en Pinar y La Habana, sin robarle nada a nadie, porque seguía creyendo en la limpieza del alma. Creo que tenía hasta cargo de conciencia. Pagó todas sus deudas. Fue a los bancos a aclarar los pagos de la olla arrocera y del televisor chino. Entregó sus bienes, porque siempre supo que no eran suyos. Y esperó pacientemente, revisando cada día la página web donde se publicaría su liberación final.

La liberación de sus propias culpas, de sus propias hazañas desvalorizadas con el tiempo. Y tomó un avión para llegar exactamente al mismo lugar desde donde, hace décadas, sus tíos esperaban para hablar con los familiares que quedaron en una Cuba que le lanzó huevos en turbas organizadas por jóvenes convencidos como él. ¿Mi tío vencido? 

Mi abuela guardaba en un cofré – no sé si con cierto orgullo o vergüenza – la plana del periódico Guerrillero donde mi tío posaba como el gran ideólogo de la juventud comunista. Tal vez lo ocultaba bajo llave por temor a que un retrato la descubriera en puntas de pies, caminando hacia el negro y viejo aparato de la Compañía Cubana de Teléfonos. Se adelantaba unos minutos al primer ring escandaloso, para que nadie despertara. Recuerdo los susurros de mis abuelos con sus hermanos idos, con 90 millas de distancia y 90 millones de emociones sin poder explicar. 

En aquel apartamento de la calle Salud, entre Oquendo y Marquéz González se susurraban los afectos para respetar lo que era más importante, los sueños de un hijo. Porque mis abuelos nunca le dieron una bofetada para alertarlo de que en pocos años le llegaría el arrepentimiento. 

Lo imagino consternado pidiéndole perdón a mi abuela en sus últimos días, que ha decidido velar con pasión de hijo, justo en el lugar hacia donde se enfilaban sus más encendidos discursos. 

1 comentario:

  1. Alvarito, el calor en Miami -y el calor en general- se mide en grados Fahrenheit. El Faraday es un efecto físico de la interacción entre la luz y un campo magnético. De todos modos, llegados al punto de tu relato, creo que es una preciosa metáfora definir la temperatura de todo lo que tiene que ver con la Isla, como una temperatura Faraday... por la fricción, los campos magnéticos, el efecto jaula, y el intercambio en la polarización. Un abrazo desde el mundo cibernético. Espero que estés bien. Yo acabo de regresar a casa desde ese mismo Miami.
    ¡Y que vivan Artemisa y Mayabeque!

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